¡Qué lío! Un idilio con Lola Suárez, que parece que tiene prohibido olvidar, no es fácil. Ian es alegre y le echa aguanile al asunto, al ritmo de la conga.
«Las Vegas es una ciudad increíble. Es la ciudad de la luz, donde nunca se duerme, donde la música no cesa las veinticuatro horas del día.
La noche anterior, Ian había llegado en un vuelo directo desde Miami. Cenó en el hotel con su secretario, Rubén y se fue temprano a la cama. Le tentaba dar una vuelta por la ciudad, visitar el casino, tal vez tomar una copa. Pero no podía permitirse ningún exceso el día antes de su debut en Las Vegas.
Amaneció un día claro sin nubes en el cielo demasiado azul de Nevada.
—Ian, —Rubén golpeaba la puerta con suavidad— son ya las diez. ¿Está despierto? —susurró.
—So ahora sí. Ya va. Ya va —dijo Ian y se levantó de la cama.
Rubén entró en la habitación con el iphone en la mano dijo:
—Buenos días, Ian, a las once tenemos sesión fotográfica en el casino. El comunity de la discográfica está esperando que le pasemos algo para Instagram. A la una, comida con el señor Sanders. A las cinco, prueba de sonido…
—Para, para —susurró Ian mientras se apartaba el flequillo de la cara—. Por el momento, me ducho. Pídame el desayuno.
Rubén salió en silencio. Ya había conseguido recordar a su jefe las tareas programadas y espabilarle del todo. Sonrió para sí. Descolgó el teléfono de la suite y pidió que le subieran un té de jengibre con una rodaja de limón y pan tostado con mantequilla y mermelada de naranja.»
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By María Arenas

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