¡Ya puedes leer Operación Caronte!

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#novela #thriller #acción #suspense

Una agente de una organización internacional secreta, Lola Suárez, debe viajar a México en una última misión: interrogar en la cárcel de Altamira a su ex novio narcotraficante, Andrés El Águila Cifuentes. Pero un ejército de sicarios que tiene aterrorizada la frontera tratará de matarla.

Un thriller de secretos truculentos y conspiraciones. Narcotráfico, migración e intereses opacos a ambos lados de la frontera norte mexicana.

«Nací y me crié en una familia acomodada, rica, vaya. Tuve todo lo que quise. No había visto nunca morir a nadie y no sabía disparar un arma.

Desde hace ocho años, soy agente de la sección de secuestros de la OII. Cuando conocí a Ian, quise recuperar mi vida, dejarlo todo, pero ya era demasiado tarde.

Arrastro mi pasado como una losa. A ratos, puedo apartarlo, dejarlo al margen, pero forma parte de lo que soy.

Siéntate. Te invito a un tequila y te lo cuento…».

ADVERTENCIA AL LECTOR

Querido lector:

Antes de que te adentres en el mundo de Operación Caronte, me veo en la obligación de advertirte sobre su contenido. Todo lo escrito en esta novela es ficción. Los personajes, los lugares, las tramas y los delitos no son reales. Lo único que no me he inventado es la protagonista, aunque por motivos de seguridad, he cambiado su verdadero nombre.

La conocí una noche de farra en Malasaña. Como la mujer de una canción de Sabina, llevaba una minifalda que cortaba el aire a su paso y en la mano una botella de tequila Don Julio 70, porque decía que los españoles no sabemos lo que es el tequila y bebemos cualquier cosa. Es una tía más bien alta, de metro setenta, de paso altivo y mirada profunda, de las que te sacan la verdad sí o sí. Tiene el pelo negro rizado y algo fosco, aunque se nota el toque de peluquería de a doscientos euros el lavar y peinar. Aquella noche llevaba un escote de infarto para lucir unas tetas operadas, por supuesto, y la ropa ajustada, para mostrar los músculos labrados en el gimnasio, minuto a minuto.

Entré en un bar, de esos que cuando entras ya sabes que le queda poco tiempo de vida o que es una tapadera para blanqueo de dinero. Ella estaba apoyada en la barra, intentando convencer al camarero de que le pusiera un vaso vacío para su tequila. El barman se negaba, exigiéndole que pidiese una copa, que no podía beber nada de lo que trajera. Ella le ofrecía pagar la consumición, aunque solo quería el vaso para su tequila. Esgrimía una sonrisa y un billete de cien euros, pero el camarero era inflexible. La acompañaba un inglés formido de metro noventa que no entendía ni papa.

Me entró la curiosidad. Pregunté qué pasaba y acabamos los tres en otro bar cercano de un amigo, que sirve un mezcal decente para los carnales. Mi ligue, cuando previó el curso de la noche, se marchó al rato casi sin despedirse. Ni falta que hacía.

Lola, James y yo congeniamos pronto. Después del tercer chupito, ya éramos amigos del alma. Fruto, sin duda, del alcohol, se nos soltó la lengua y hablamos hasta el alba. Acabamos en San Ginés desayunando chocolate con churros, por aquello de enseñarle a James lo castizo de Madrid.

Desde entonces, no hemos dejado de hablar. Estemos donde estemos, una vez al mes, sacamos unos minutos para contarnos las novedades. Y cuando coincidimos en Madrid, la cena hasta el amanecer es obligada.

No sé si va armada cuando está conmigo; tampoco le pregunto. No quiero saberlo.

Hace dos años le dije que iba a escribir esta novela, que tenía que poner sobre el papel las cosas que le pasan, que tendría que ponerle maquillaje, claro, y literatura e imaginación. Y se echó al reír.

Cuando terminó de leer el primer borrador, me llamó.

—No te ha salido muy bien —me dijo muerta de la risa—. Has escrito más sobre ti que sobre mí.

—Querida, ya lo he pensado, pero no podía rellenar doscientas páginas de tiros.

Quedamos en 50-50, la mitad para cada una.

Querido lector, espero que recibas esta novela como lo que es: un cuento sin pretensiones y que, al final, cierres el libro (o el ebook) con la sensación de que Lola y yo te hemos abierto las puertas de nuestra propia historia.

Bienvenido.

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