¿Y tú? ¿A qué tienes miedo?

Os voy a contar un secreto. Un secreto oculto, escondido. El secreto más oscuro guardado durante siglos por algunos para manipular y tergiversar la realidad.

¿Y qué lugar más seguro para guardar un secreto que a la vista de todos? Es un secreto que guarda cada uno en el rincón más escondido del alma. Tan oculto está que nadie sería capaz de revelarlo, aunque le conste que todos a su alrededor lo conocen igual que él mismo.

Redoble de tambor. Yo te lo voy a revelar: TODOS TENEMOS MIEDO.

En el momento mismo del nacimiento, llevamos el chip del miedo incrustado en el corazón. Al principio, es solo un mecanismo de defensa y aprendizaje del bebé que acaba de llegar a la vida. El recién nacido comienza confiando en su madre, pero aborrece al resto, que considera una amenaza. Llorará en brazos de los desconocidos por miedo a que lo dejen caer al suelo.

Más adelante, el niño tendrá miedo a todo lo nuevo, por considerarlo una amenaza. Dormir solo, ir al colegio, cruzar una calle sin supervisión serán sus nuevos temores. Cuestión de supervivencia. Y un nuevo miedo aparece que durará toda la vida: el miedo al rechazo de su entorno. Necesita caerle bien a su familia para que continúen alimentándolo hasta su madurez.

Lo que sucede es que el miedo es la emoción más difícil de controlar. Hay que conocerlo, asumirlo, tratarle de tú a tú y hacerte amigo de él. Así que, a veces, el hombre (o la mujer), ya maduro no es capaz de superar los miedos de la infancia. Sigue necesitando la aprobación de su entorno a pesar de que ya no lo necesita para sobrevivir. El miedo ha crecido tanto y sus raíces son tan profundas, que talar el árbol que sustenta no sirve para matarlo. Volverá a renacer en el momento más inoportuno.

Nacemos con el miedo en el corazón. Cada cual desarrollará sus miedos conforme crece. El miedo madura con nosotros y va adquiriendo fuerza y habilidades. Cada vez tendrá más y más raicillas intrincadas por todas partes de nuestra alma.

Hay tantas clases de miedos como necesidades tiene el ser humano. Cada cosa que te podría faltar, se convierte en miedo a su ausencia.

El miedo más grande es el que atiende a la ausencia de vida: miedo a la muerte o miedo al dolor. Después, el que afecta a la falta de seguridad: miedo a la falta de alimento, miedo a la seguridad física, miedo a la ausencia de salud. Por tercero, el miedo que interviene en las relaciones sociales: marginación, ostracismo social. En cuarto lugar, el que entraña la falta de reconocimiento social: no tener éxito, no tener reconocimiento.

¿Sabes cuál es tu miedo?

Tendrás que descubrir por ti mismo cuál es tu miedo preferido. Por normal general, los tienes todos, pero alguno predomina sobre los demás. Ya he dicho que nacemos con esto tatuado en el genoma humano.

Lo inteligente es conocerlo, agarrarlo por los cuernos y hacer que nos acompañe como un amigo, no como un obstáculo insalvable. Pero esto es muy bonito decirlo y muy difícil hacerlo. La teoría es que el miedo es lo que hace sobrevivir al bebé cuando nace, madurar al niño que crece y progresar al individuo. (Teoría).

Lo triste. Hay gente que aprovecha los miedos de los demás para fines oscuros (generalmente para enriquecerse).

Las marcas comerciales lo utilizan para vender sus productos, los medios de comunicación para torcer opiniones en un sentido u otro, los políticos para robar votos…

¡Eh! Nadie debería poder usar tu miedo, excepto tú mismo.

¿Y qué tiene que ver el miedo con escribir una novela? MUCHO. El escritor es un investigador del miedo. Tratará de engancharte a las historias a través de los sentimientos más primitivos y además, sin que te des cuenta de nada.

El miedo es el sentimiento primario más arraigado y por lo tanto, el más fácil de utilizar para atraparte entre las palabras. ¿Sobrevivirá el protagonista? ¿Encontrará el amor y dejará de estar solo? ¿Superará el abandono de sus padres rodeado de amigos?

Cuando el escritor encuentra el miedo más profundo de un lector, tendrá un seguidor de por vida.

El escritor habla de miedo en cada historia. Hurga en ellos desenterrando muertos de la conciencia de los lectores. O tal vez… Solo tal vez… Remueve y exhibe sus propios miedos.

A veces, parecemos seres unicelulares… Qué se le va a hacer.

By María Arenas

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