Hoy voy a ser mala

Últimamente, esta idea se me pasa muchas veces por la cabeza. “Hoy voy a ser mala”. Es estimulante. Me siento viva. Me emociono sólo de pensar que voy a ser mala. No lo soy por naturaleza o al menos, no lo he sido hasta hace poco y me cuesta. Algunos días, supone un verdadero esfuerzo mental.

“Ser mala” no es ir dando patadas a las viejas por la calle, escupir a los coches que pasan o insultar al conductor del autobús. Eso no es maldad, sino crueldad y tampoco me va ese rollo. Da muy mal karma.

“Ser mala” es hacer cosas que mi cerebro cree que son malas para mí.

Desde que empecé el proyecto Operación Caronte, he mantenido una guerra cuerpo a cuerpo con mi cerebro. Voluntad contra Cerebro. Y es que el cerebro es un bicho repugnante que trata de proteger el status quo a toda costa, aunque la situación sea una mierda, aunque te vaya mal. Su lema es: más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer y trata de anular cualquier intención de cambio.

Tiene varios métodos para conseguirlo:

  1. Busca escusas razonables para que no hagas nada que suponga un cambio. (¿Para qué vas a escribir una novela? Eres demasiado mayor. Si apenas tienes tiempo para nada, no vas a poder terminarla.)
  2. Procrastinación. Siempre tienes una excusa para dejar las cosas para luego.
  3. Trata de obstaculizar fisicamente el cambio. (Se te olvida hacer cosas, duermes demasiado. Produce cansancio y hace que bajen las defensas para que caigas enfermo/a.)
  4. Hace que sientas miedo. (Tienes miedo al fracaso, a la crítica, al qué dirán.)
  5. Si persistes en llevarle la contraria, el miedo se transforma en ansiedad y fobias.

Hay dos soluciones que practico para corregir esa actitud de niño rebelde de mi cerebro y a eso le llamo “ser mala”. Soy consciente de que le torturo un poco para sacudirle el polvo, pero es imprescindible si pretendo publicar la novela y cambiar mi realidad:

  1. Ocuparme. Escribo cada día, estudio, me ocupo de las redes sociales, controlo mi tiempo.
  2. Hago pequeños gestos para salir de la rutina y conseguir que mi cerebro asuma que el cambio es su nuevo status quo. Por ejemplo, en lugar de volver a casa a bus, vuelvo en Renfe, en lugar de desayunar café con leche, tomo zumo, hago cosas que no me gustan o que me asustan, como comer sola en un restaurante, hablar con gente desconocida…

¡Lo estoy volviendo loco! Lo sé, pero es tan divertido ser mala

By María Arenas

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