¿Cómo ser la mujer perfecta y morir en el intento?

No, lector/a. No hay ninguna errata en el título. Intentar ser la mujer perfecta significa morir en el intento. Me explico.

Esta semana, la actualidad intensa me ha hecho reflexionar sobre ideas grandiosas como sororidad, feminismo, lucha de géneros, etc. He mirado a las mujeres de mi alrededor, amigas, jefas, enemigas, familia y he observado cómo todas, en algún momento de su vida han intentado ser la mujer perfecta.

Todas nosotras maduramos en los años 90 y en aquella época el estereotipo de mujer de éxito era una mujer ejecutiva agresiva, de carácter fuerte, masculina por dentro y de belleza artificial y provocativa.  Y, sin embargo, en casa, teníamos mujeres que eran todo lo contrario, eran primero madres, pocas trabajaba fuera de casa, de belleza natural y reposada por la edad.

El nuevo modelo de mujer era todo lo opuesto a nuestras abuelas, madres y tías que podía ser.

Las incipientes mujeres de los 90 lo queríamos todo. No nos conformamos con estar de uno u otro bando. Queríamos estar en los dos. Queríamos ser madres, esposas, amantes, directivas agresivas, de aspecto frío y artificial, provocativas y ganadoras.

Hoy esas mujeres rondan los cuarenta. He intentado analizar en las mujeres de mi entorno, qué ha pasado cuándo han intentado ser la mujer perfecta y tengo que admitir que ninguna lo ha conseguido. Hemos fracasado.

Algunas han elegido ser madres, esposas y amantes. Se han conformado con trabajos de jornadas reducidas que les permiten cuidar de sus hijos y dedicarse a su familia. No son estrictamente como nuestras madres, pero sería lo más parecido. No sé si se arrepienten o lo harán alguna vez. Habrá que esperar 15 o 20 años más.

Otras han decidido ser directivas y triunfar en el ámbito laboral. Aunque son madres, el 80% de su tiempo es su trabajo, el gimnasio y correr de un lado para otro. Hoy he visto una mujer preciosa que es jefa y en los últimos tres años ha envejecido diez. Tampoco sé si se arrepentirá.

También he visto una mujer que ha intentado estar en ambos bandos y se ha roto.

Porque simplemente no es posible. Una persona (hombre o mujer) no puede levantarse a las 5:00 a.m., ducharse, alisarse el pelo, pintarse la pestaña, llevar al niño a la guarde, trabajar fuera de casa 1o horas, recoger al niño, hacer las cosas de casa, las comiditas, la ropita, ir al gimnasio o a bailes de salón, medio dormir 6 horas y volver a empezar.

Dice un dicho que el que mucho abarca, poco aprieta y (añado) lo que es peor, te destroza. Te queda siempre la sensación de no llegar a ninguna parte, de que no has afrontado ninguna de tus tareas con la profundidad necesaria, la inseguridad te domina y finalmente, te haces vulnerable a las críticas de los demás, que te destruyen. Porque eres un cordero en un mundo de lobos.

¿Entonces hay que renunciar a ser la mujer perfecta?

NO.

Hay que renunciar a estereotipos absurdos y pasados de moda. Ni las madres tienen que ser como nuestras madres ni tenemos que parecernos a Sharon Stone en Instinto Básico.

Tenemos que crear, cada una, nuestra propia idea de mujer ideal y serlo. Puede ser de cualquier forma, tantas como mujeres hay sobre la faz de la Tierra, pero con algo en común: Una Mujer Feliz.

Cuando eres feliz, no envejeces, ni sientes estrés, no tienes ansiedad, las ofensas de los demás no te aplastan.

No hay que perseguir nada como si fueras un pollo sin cabeza.

Simplemente, hay que ser feliz.

By María Arenas

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