Fango, fresas y el tiempo que no tengo

“El tiempo que no tengo” podría ser muy bien el título de una novela grandilocuente, de esas que abordan grandes temas como el sentido de la vida, lo corta que es en realidad, así a lo Jorge Manrique. Pero no. Es en realidad el slogan de mi propia vida y la de tantos.

Sería algo así como una retahíla de quejas infinita: el tiempo que no tengo para cocinar, el tiempo que no tengo para escribir, para pensar, para caminar, para reír, para soñar, para viajar, para conocer gente, para discrepar, para mirarme en el espejo.

Hay por Youtube un vídeo de Pepe Mujica que explica que las cosas que compramos, no las conseguimos con dinero, sino con el tiempo que ocupamos en ganar ese dinero. Y el tiempo no se recupera.

Pero, ¿y si alguien quisiera que no tuviéramos tiempo para pensar, para parar a elegir qué queremos comprar con nuestro tiempo?

¡Oh! Ya estoy elucubrando conspiraciones. No me hagáis caso.

Pero, ¿y si alguien estuviera interesado en que no pensáramos? Sería tan fácil como ocupar todo nuestro tiempo entre doce horas de trabajo y el Sálvame.

Nuestro cerebro sería un batiburrillo rosa como batido de fresa, donde no cabrían otros pensamientos más elevados que el fango de cada día.

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Olivia Moore sí sabe lo que es un batido de cerebro.

Nota mental: Nadie conspira. Son imaginaciones tuyas.

By María Arenas

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