Historia de una República Bananera que molesta a Trump

Once upon a time, había un país verde y rico, allá en Centroamérica, donde casi se tocan el Océano Pacífico y el Atlántico. El país era un paraíso en la tierra, pero lo descubrieron los gringos (¡uy!) y comenzaron a plantar bananos por aquí y por allá y sólo ellos podían plantar bananos. Luego les quitaron las tierras a los indígenas y se las quedaron todas.

Hicieron esclavos a los jornaleros y campesinos, que tenían que trabajar gratis en su producción de bananas. También construyeron puertos, ferrocarriles y carreteras, pero sólo ellos podían usarlos.

Un día, el pueblo se levantó y un presidente pensó que no era justo que su pueblo pasase penurias y la riqueza de su tierra se marchase por mar para el enriquecimiento de extraños. Pensó en expropiar las tierras a los gringos y repartirlas a los campesinos del país, para que pudieran cultivar café.

Los gringos se enfadaron mucho y fueron a su gobierno a quejarse. El gobierno les protegió y la CIA organizó una invasión armada del país. No podían consentir que sus paisanos perdieran dinero.

El presidente dimitió y la CIA puso en su lugar otro más afín a sus planes.

Estudiantes, intelectuales y campesinos, muchos indígenas, terminaron levantándose en armas contra el gobierno y comenzó una cruentísima guerra civil.

La guerra fría que en occidente no causó derramamiento de sangre, le causó a Guatemala 36 años de guerra, con cifras aterradoras:

200.000 muertos

50.000 desaparecidos

1.000.000 exiliados y migrados sobre todo a México, Honduras y Estados Unidos

200.000 huérfanos

40.000 viudas

El 90 % de las muertes son responsabilidad del ejército y bandas afines.

El 90 % de los muertos son indígenas.

En 1999, el presidente de los Estados Unidos pidió perdón. Tarde, como siempre.

Y la peor consecuencia de la guerra:  el país verde y rico es un país muy pobre.

Así que, si a Trump le jode la migración procedente de Guatemala, que deshaga lo que hicieron sus predecesores y se gaste la pasta en reconstruir un país destruido por ellos mismos, en lugar de comprar misiles “bonitos”.

La única forma de terminar con la migración económica es el desarrollo de los países de origen, no poner muros y alambre de espinos.

By María Arenas.

 

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