Gabriel. Sin comentarios.

Durante el proceso de investigación de Oparación Caronte, me he documentado sobre crímenes aborrecibles, ninguno más que otro. He tenido que leer sobre asesinatos, torturas, mentes retorcidas, personalidades alteradas, enfermedades mentales, horrores para no dormir.

He llegado a entender por qué mata la gente. A veces, quisiera pensar que las muertes sobrevienen de una manera accidental, que en realidad, no hay ningún ser humano capaz de asesinar a otro si no es por error. Pero no es así.

Los asesinos no son gente normal, aunque en la mayoría de los casos, lo parecen. Tienen personalidades patológicas, aunque esconden esas taras para pasar inadvertidos en el grupo y no ser desterrados y condenados al ostracismo. Otras veces, son enfermos mentales que, simplemente, no pueden reprimir su naturaleza asesina.

No es verdad que cualquiera puede convertirse en asesino.

A pesar de entenderlo, de una forma técnica, no llego a comprender el proceso en el que a alguien se le enciende un interruptor y mata, el momento en el que cruza la frontera.

De cualquier forma, nunca he podido investigar sobre el asesinato de un niño, porque me parece que el asesino tiene una motivación tan oscura y oculta que da miedo y creo que de entenderlo, no podría dormir nunca jamás.

Al margen de las enfermedades mentales, hay que ser un puto monstruo para premeditar y ejecutar la muerte de un niño, al que además, conoces. No merece otro calificativo el autor o autores de la muerte de Gabriel.

Gabriel, descansa en paz.

By María Arenas

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